Lo Otro en la sociedad costarricense

marzo 15th, 2010 § 4 comentarios

En Costa Rica se verifica una y otra vez como “lo otro” está excluido de prácticamente todas las discusiones públicas, dentro o fuera del campo, ya de por sí limitado, de la política. En parte porque pertenezco a “lo otro” de varias maneras y a través de distintas categorías, con variables niveles de exclusión, y en parte también porque debería ser la labor de cualquier defensor de la democracia, esa es la razón por la que desde acá escribo constantemente sobre “lo otro”, lo distante, lo diferente. El problema es, claro está, que no me lee ni una fracción de los lectores de, digamos, La Nación o la Extra. En el primero, tiene a escribirse desde la visión de que toda Costa Rica está compuesta por blancos (o mestizos para decirlo de forma políticamente correcta), católicos, de clase media y conservadores, y la diferencia se articula como una felicitación, un “Costa Rica es tan diversa que hasta tenemos negros, por eso somos el país más feliz del mundo; y por cierto, no tenemos ejército”. En el segundo, la diferencia es curiosidad, morbo, con suerte; perversión maligna, con ese adjetivo, en los peores casos. Pero esas representaciones son temas para otro momento.

En todo caso, no es mi propósito aquí denunciar lo obvio: que lo otro, sea cual sea la forma que tome, está excluido de todos los grandes medios costarricenses. Mi argumento es que en nuestra conversación cotidiana, en nuestra visión de mundo (la parte compartida al menos) y en nuestra acción política, seguimos ignorando, me arriesgo a decir que voluntariamente, al otro. Por pereza (ese es mi caso, por eso no he escrito suficiente sobre indígenas, limonenses, guanacastecos, nicaragüenses, para empezar), por miedo a enfrentarse a una confusión bastante difícil (no son pocos los debates sobre la participación política en la época actual), o miedo a ser borrado de la discusión por traer a la mesa lo innombrable, o por una visión discriminatoria tan arraigada en nosotros que o no podemos leer la sociedad en esos términos, o no queremos.

Aún peor es que “lo otro” nunca puede tomar la palabra en el espacio público en Costa Rica, ni en el habla cotidiana. Como joven, como niño o adolescente; como negro; como indígena; como sexualmente diverso; como mujer; como nicaragüense, colombiano, o de cualquier otra nacionalidad excluida; si se tienen otros puntos de vista aún dentro del paradigma de la democracia liberal; como ateo o de otra religión no cristiana; como limonense, guanacasteco o puntarenense; como pobre; como madre soltera, y un prolongado etcétera (que curiosamente llegaría a conformar la mayoría absoluta de la población del país). En ninguna de esas formas se puede hablar en Costa Rica sin exponerse a la censura directa, o lo que es mucho peor en cuanto efectúa una borradura tiránica que no deja escapatoria, a ser ignorado. Con suerte se habla por ellos, pero nunca “lo otro” toma la palabra. ¿Cuándo una madre soltera opina sobre las leyes que le atañen a ella? ¿Cuándo un niño o adolescente opina sobre la educación que recibe? ¿Cuándo una persona sexualmente diversa opina sobre las regulaciones que limitan su libertad? ¿Cuándo un limonense opina sobre lo que su provincia necesita? No hablo de posiciones nominales, ni de encuestas, ni de asunciones de sentido común, esas abundan en nuestro debate público. Me refiero a una participación real, directa y vinculante en los procesos que importan directamente a las personas.

Entonces se podrá decir: “pero si los limonenses sí hablan en Costa Rica, sí deciden por su provincia”, por ejemplo. El problema es que para que “los otros” temidos hablemos, nos vemos forzados a realizar una renuncia de aquello mismo que nos coloca dentro del ámbito de la diferencia para poder tomar la posición de sujeto hablante. Por ejemplo, una persona gay puede hablar sobre derechos gay en cuanto a costarricense comprometido con la democracia, en cuanto a creyente en los derechos, pero no como persona gay. Esto es difícil de percibir, así que me detengo más. Lo que quiero decir es que, en vez de afirmar la diferencia como un principio  que es evidente de toda sociedad, y en sí mismo, el hablante de Lo Otro debe aliarse, unirse a lo que ya está legitimado para asegurarse algún nivel de éxito. La joven estudiante, si es que tiene el espacio para discutirlo, debe solicitar mejoras en su educación para “ser competitiva en el mercado laboral”, o alguna otra frase así prefabricada, en vez de reafirmar lo que sí querría: una educación que atienda a sus necesidades, habilidades y gustos particulares,y  que desde ahí, la propulse hacia una vida mejor. El limonense debe referirse a su ser costarricense  para solicitar un cambio en su provincia, en vez de afirmar su diferencia, la misma que le excluye y la misma que le edifica. En vez de decir “tenemos otras necesidades, que son particulares a nuestra provincia, a nuestra condición de diferencia”, se dice “tenemos los mismos derechos que el resto de la población”. Esto, en mi opinión, debe cambiarse por otra estrategia, una estrategia de reafirmación de la diferencia. Cada sector debe reclamar su diferencia, su diversidad, sus necesidades distintas.

Claro está que hay que efectuar un pliego, una cierta rendición ante el paradigma de democracia liberal que rige toda discusión y la vida politica en Costa Rica. Pero si es así, entonces hay que darse cuenta de lo siguiente: la diferencia contribuye a la democracia. No se trata de una lucha sectorizada en la que jamás nos pondríamos de acuerdo, en la que la diferencia tornaría en anarquía. Bien o mal, vivimos en un sistema en particular que ordena las cosas de una cierta manera. Pues bien, dentro de ese orden, existe el espacio, que ahora a quien viva en Costa Rica le corresponde defender: el espacio de la diferencia. Dan solo un poquito de aliento los resultados de las elecciones pasadas, pero tampoco es una diversidad grande la que quedó representada en nuestra Asamblea, y en todo caso, no se trata, como dije antes, solo de la Asamblea. Se trata de que para defender esa democracia de la que tanto nos preciamos y esas instituciones estables que tan caro nos han costado, es urgente rescatar la diversidad de nuestra sociedad, pues es la única forma de llegar a ese desarrollo  por el que a todo el mundo le encanta clamar.

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§ 4 Responses to Lo Otro en la sociedad costarricense

  • cHoli dice:

    Curioso que lo denomine como “LO otro” -tal como lo leo, esa característica/persona es un aspecto neutro e inderterminado y, al mismo tiempo, señalado hacia afuera-.

    Será que estoy acostumbrado a encontrármelo como “EL otro” que me da cierta disonancia.

    Por cierto, tal vez ya haya escuchado hablar de este libro, pero le recomiendo el libro Otros Amenazantes de Carlos Sandoval -sí, el profe de Comunicación-.

    Difiero que “con suerte” se habla de lo otro. Al contrario, es lo que más vende, señalar y arrinconar a esos ‘extraños’ para hacer respirar con tranquilidad a todo el Nosotros que son ellos los monstruos, los sicarios, los narcos, los…

  • [...] excluyente u opresora? Cuando no está bien informada. Cuando le tiene miedo a lo que no conoce. Cuando no habla de lo que podría acercarse a ser un autoanálisis crítico, que acaso podría revel…Es que los ticos hemos evitado, casi sistemáticamente, debatir; nos cuesta tanto argumentar y [...]

  • [...] Del lado de abajo no se tiene el mismo acceso a oportunidades de educación, de trabajo, de desarrollo de capacidades; no se tiene la misma voz, ni el voto pesa lo mismo, en últimos términos. Claro que al final, en un simple conteo, cada voto es uno solo y válido, pero: 1) democracia no es votar cada cuatro años, y 2) ¿con qué criterio se vota? Pero claro, en la visión más simplista y peligrosa de este sistema, que es la que más se practica en el mundo en el 2010. Tenemos en el país un posible referéndum que es perfecto ejemplo de lo que puede lograr el reduccionismo de la democracia. Creemos que elegir tal o cual presidente o presidenta resuelve todos los problemas. Creemos en una sociedad de buenos y malos, en la que la gente mala debe ser encerrada o expulsada. Creemos que todos tienen derecho a hacer lo que les de la gana y que a nadie que importarle lo que nadie haga… mientras a mí me parezca correcto. Ocasionalmente aparecen las palabras “moral”, “Biblia”, “trabajo”, “derecho”, “valores”, “mercado”, todas usadas fuera de contexto, sin consultarlas bien, sin entenderlas bien. [...]

  • [...] que se traduce ahora en el resurgimiento de una de las “pasiones primarias” del tico: odiar al Otro, al Extranjero, al Nica. No sé si por audiencia o por falta de tacto. No tengo la menor [...]

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