Sobre el concepto “homosexual”

enero 24th, 2010 § 7 comentarios

¿Qué significa, exactamente, la palabra homosexual? ¿Qué cosa es “ser” homosexual? La pregunta se puede resolver sencillamente con una consulta al diccionario, pero eso es precisamente lo que deseo evitar. Daría la impresión, al leer la definición sencilla y precisa, de que se trata de un concepto estable, definido por la obviedad de sus características, inmutable y limitado. Nada más lejos de la verdad. Si bien la discusión sobre este tema se abre a un análisis teórico muy denso, quiero mantenerlo sencillo y sin excesos, y solamente esbozar algunos de los problemas que rodean al término “homosexual”. [De hecho, voy a evitar usar el término "gay", que significa otra cosa.]

“Homosexual” es un concepto que ha sufrido un considerable proceso deconstructivo, al estilo derrideano, desde aproximadamente los años setenta, hasta el punto que en la actualidad no significa nada. Ha sido superado teóricamente, pero no podemos establecer los términos de ningún debate en torno al tema sin él, se convierte en lo que se llama una ficción necesaria. Su significado yace en el espacio vacío entre su muerte como concepto y lo nuevo, indefinido hasta el momento (aunque exista toda una variedad de opciones, ninguna se ha acercado a la definición universal que este término posee -y aquí nos preguntamos si es necesario que así sea). En este limbo se deposita una considerable sedimentación conceptual, juicios de valores, prejuicios, y también la vaguedad de lo no definido en lo “heterosexual” (veremos esto más adelante). Sufre de una carga simbólica negativa considerable incluso para muchas personas sexualmente diversas, pues recuerda dos momentos históricos: 1) su medicalización y 2) la época de las categorías, para muchos ya superada por depender de términos excluyentes y predecibles.

Explorando en el pasado histórico de la palabra “homosexual”, descubrimos que tiene una fecha muy precisa para su surgimiento. 1869, a mano de Karl-Maria Kertbeny, que como activista temprano de derechos humanos, buscaba protestar contra las leyes anti-sodomía de Prusia mediante información científica, médica, y fue popularizada en 1886 por el científico Krafft-Ebing. La palabra se compone de una raíz griega, homos (mismo) y latín medieval sexualis. Con el tiempo, sin embargo, este término que buscaba en realidad una defensa de la práctica se convirtió en un peso enorme, en el recuerdo de que era clasificada como una patología. Aquí es donde se extiende la densidad semántica del término. Este primer momento médico ofreció de inmediato la posiblidad de dejar de ser discriminado, pero en poco tiempo fue absorbido por el discurso dominante, y así, entonces, la homosexualidad se convirtió en una enfermedad.

A la mayoría nos parecería que la oposición heterosexual/homosexual es una oposición obvia, natural, y que nacieron de la mano. No es así; la “heterosexualidad” como concepto surgió más tarde que la “homosexualidad”. “Heterosexual” es todo lo que no es “homosexual”, es la posición que no puede ser cuestionada, pero la que menos definiciones posee, la que menos respuestas se da a sí misma, en la que no forma ninguna densidad: se ve a sí misma como clara y transparente. Un concepto se forma en relaciones de exclusión de otros, y uno como éste debe descargar todo cuestionamiento en otro concepto para poder funcionar, para fortalecerse. Y en la homosexualidad se descargó toda una variedad de culpas, crímenes, miedos, y toda la ignorancia (culpable o no) sobre la propia sexualidad y la dinámica social. Como afirma David Halperin, el homosexual es “una criatura contradictoria e imposible” como construcción del discurso heterosexista, puesto que es a la vez:

1) un inadaptado social, 2) un monstruo raro antinatural, 3) un ser que representa un fracaso de la moral y 4) un perverso sexual

(Halperin, San Foucault: hacia una hagiografía gay, Cuadernos de Litoral, Córdoba, Argentina, 1995)

Según la misma ética que se supone rige el pensamiento occidental actual, es imposible ser a la vez víctima y culpable, enfermo y criminal, una criatura que merece estudio médico y una persona totalmente responsable de sus actos y por tanto condenable. A pesar de esta contradicción, la “heterosexualidad” no se derrumba, sino que se fortalece: ¿cómo combatir algo tan absoluto? El término “heterosexual” es el término no marcado en el binarismo hetero/homo, es decir, el natural y desde el cual ve el observador objetivo al otro. (Como hombre/mujer, persona/niño, persona/de color-nacionalidad distinta funcionan también en la práctica).

En efecto, el miedo al “homosexual” en esta discusión conceptual es muy simple de delucidar. El homosexual desestabiliza al heterosexual que se “es” naturalmente. Si la persona fluye hacia la homosexualidad con la misma naturalidad que el observador presuntamente racional y objetivo asumió su heterosexualidad (de la cual nunca tomó conciencia, no hacía falta una salida del closet, porque ese comportamiento nunca fue marcado en su círculo social, ofreciendo una prueba más de la naturaleza social de este debate) entonces ¿será que “heterosexual” no es algo tan estable, tan obvio? ¿Será que él también podría ser homosexual, o leído como todo lo que significa esta palabra, es decir, diferente? Pero no, para su suerte, ahí están las locas y las tortilleras -favor notar la desvalorización de lo femenino-, para elevar de nuevo las barreras divisorias entre los normales y los raros que se acaban de derribar. No importa que haya una distancia insalvable entre el término “homosexual” como es definido en el diccionario y el ejemplo de hombre afeminado/mujer masculinizada, se engarzan en ese espacio conceptual desorganizado que es el término.

Como el concepto de “heterosexual” es el supuestamente natural, siempre va a ser el punto de partida para la observación objetiva y racional. Nunca un teórico, activista, novelista, lo que sea, homosexual, podría estar siendo objetivo y racional en un debate de este tipo, porque sufre el estigma del término marcado, lo quiera o no. Su punto de vista será visto como sesgado de forma inevitable. “Homosexual” siempre va a ser el problema que debe ser curado, estudiado, analizado, separado, y en última instancia, discriminado. Por eso, al modo de Foucault, no vale la pena debatir sobre la verdad o la falsedad en aseveraciones homofóbicas. ¿Para qué, si este punto de vista todo lo abarca y todo lo consume? Lo que sí se puede hacer es combatir en el mismo terreno, con estrategias similares: deconstruyendo la heterosexualidad, y revelando que todo, todo esto, todo el debate sobre los derechos LGBT, son al fin y al cabo montañas de palabras, montones de aire depositados, con violencia, sobre cuerpos humanos, sobre seres humanos que, según la ideología de los DD.HH., deberían tener idénticos derechos.

[Las ideas en este pequeño ensayo no son completamente originales: son reelaboraciones y reconsideraciones sobre temas de Michel Foucault, David Halperin, Stuart Hall, Eve K. Sedgwick, Jeffrey Weeks. Pero me parece importante esparcir estos debates más allá de la academia, para que la resistencia tenga mejores bases.]

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§ 7 Responses to Sobre el concepto “homosexual”

  • cinemabluff dice:

    Homosexualidad o heterosexualidad, teniendo tantas inconsistencias
    Solo nos enseña que podemos ser admirablemente variables, dispuestos al cambio lamentablemente cientos al no ideológico o social, cada vez que veo películas de Kieswloski,Kubrick,Fassbinder,Almodovar,Douglas Sirk,Visconti,Rossellini,Lynch o Truffaut me doy cuenta de lo que pierdo intentando rasgar la cortina de los géneros impartidos, Que si soy heterosexual u homosexual o bisexualidad caray…Sin duda alguna la cinematografia es un buen jarabe para los convencionalismos.Pero la ironia,por que la cinematografia se le recuerda con nombres de hombres?bueno pero ya eso seria otro tema.

    • fche626 dice:

      Todo tiende al cambio en los humanos :) Y seeh, es todo otro tema el del cine… hay que amar el cine, nos revela todas estas cosas muy claramente. Gracias por leerme :)

      • You dice:

        me encanto tu ensayo amigo deseo tener mas comunicación contigo el correo que puse es el mio, utilizare esta publicación para mi tesis y me gustaría tener tu nombre.

  • edivimo dice:

    Como afirma David Halperin, el homosexual es “una criatura contradictoria e imposible”

    No me había dado cuenta lo cierto de esa frase de Halperin: a los LGBT que quieren tener matrimonios se les prohíbe en base de que hay que proteger a la familia, la santidad del matrimonio, que no pueden adoptar porque “transformarán” a los niños adaptados en homosexuales, que no deben ser maestros de escuela, que son pedófilos, etc. ¡Como si la minoría que es la población LGBT tuviera unos poderes mágicos para destruir a la sociedad tal y como la conocemos!

    Eso sí, tengo que confesar que yo he tenido ese miedo de “convertirme” en homosexual, que mi tono de voz, mi postura o mi comportamiento no sean masculinos, incluso arrugo la cara cuando veo una camisa rosada para hombres… en mí se manifiesta lo que dijiste que “el homosexual desestabiliza al heterosexual que se “es” naturalmente.”

    Buen ensayo, por cierto.

  • [...] de mundo de la mayoría de las personas, es una imposibilidad lógica o una ficción infantil. Si el hombre homosexual apenas “existe” en la sociedad, y lo hace como un monstruo extra… le va peor a la mujer lesbiana: sólo si tiene suerte existe en el discurso, y es ignorada en la [...]

  • [...] casi nunca se les da voz, y con poca visibilidad. ¿Es esto sana competencia? Más aún, ¿cómo se combaten la homofobia, el odio, la ignorancia? Porque por un lado, están los argumentos basados en la ley y en los derechos humanos, pero [...]

  • Nosvil dice:

    Excelente Ensayo,

    El miedo al término “homosexual” o a la tendencia en sí, no es más que el desconocimiento social del estilo de vida del grupo de personas discriminadas bajo el concepto. La sociedad considera que se decide ser “homosexual” cuando en realidad no se tiene opción, al igual como sucede cuando se nace bajo la tendencia “heterosexual”.

    El miedo no debería ser por la aceptación social, sino por la falta de comprensión de un aspecto del ser humano tan natural (“homosexualidad) como cualquier otro.

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